Una nave detrás de la Facultad de Veterinaria
Fue la perrera municipal de Cáceres y después la llevó otra protectora. Desde 2012 la gestiona Proyecto Animalista Por La Vida, y desde entonces de aquí no sale ningún animal por la puerta de atrás.
El refugio ocupa una nave y varias parcelas en la Avenida de la Universidad. Ahí viven cerca de cien perros, además de los gatos, repartidos por grupos según cómo se lleven entre ellos.
El día empieza temprano: limpiar, dar de comer, sacar a los que tienen turno de paseo, llevar al veterinario a los que toca. De la limpieza de los cheniles se ocupan tres trabajadores; del resto, un grupo de personas que en su mayoría tienen otro trabajo y vienen por las tardes.
Cada animal que entra pasa por el veterinario, se le pone el microchip, se vacuna y se esteriliza antes de darse en adopción. Eso cuesta dinero por cada uno, y es la razón de que las cuotas de apadrinamiento y las donaciones importen tanto.
Los que no encuentran casa se quedan. No hay plazo, no hay lista de espera y aquí no se sacrifica a ningún animal: ni por falta de espacio ni por falta de recursos. Si falta algo, se mueve cielo y tierra para conseguirlo. Por eso hay perros aquí desde hace seis o siete años.



«Luchamos por cada animal. Su vida es lo más importante para nosotros, su recuperación nos da la vida, y si finalmente encuentra una familia es nuestra felicidad más absoluta.»
Lo que se hace con cada animal que entra
Veterinario
Revisión, pruebas y tratamiento de lo que traiga.
Chip y vacunas
Identificado y con la cartilla al día.
Esterilización
Antes de salir en adopción, sin excepciones.
Ficha y foto
Su carácter contado por quien lo saca a pasear cada tarde.